
Hoy ya está en su color, quizá en tierra jareña o barrialteña, en algún arriate de bonanza o asomado a los alcorques viejo del paseo de Bajo de Guía. Tierra con olor a tabaco, aterronada por cien raicillas, ahora fresca y recién regada por las aguas de la primavera, rebeldes, tenaces e indeterminadas. Ahora los tenemos ahí, casi en un suave erotismo de vivos colores y olores, en una especie de ritual fecundador y acariciante.
Esta es la primavera que desembarca en Sanlucar, como un encantamiento y una magia que a lo mejor nos trasmite un indeleble sentimiento de sanluqueñismo andaluz, como un retazo de música, andaluza a ser posible.
Eduardo J. Domínguez Rubio
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