Desde hace mucho tiempo, casi un tercio de siglo, andamos embarcados en la ilusionante singladura de lograr asomar estas páginas al mundo sanluqueño, gaditano, a nuestra gente, a nuestras cosas.
Sin banderías ni particularismos, sin otro compromiso que la exposición abierta de todos aquellos valores históricos, geográficos, artísticos, monumentales o sencillamente humanos, de este Sanlúcar nuestro de cada día. Por resumir, todo cuanto de alguna manera enfoca nuestras realidades, aspiraciones y esperanzas colectivas y el patrimonio -fantástico- material e inmaterial que nos ha tocado en surte, tiene bienvenida ancha y cordial en esta Revista.
Quizás lo más definitivo del intento de estas páginas pudiera sintetizarse en una sola palabra: Trascendencia. Por el deseo firme de aportación a la Historia, con mayúsculas, de nuestro pueblo, de cuanto recoge, agavilla y presenta de colaboraciones de tal diversidad, tan calideoscópicas y ricas en gamas y matices que van desde el campo de la investigación al simple anecdotario, desde el rigor del dato documental a la pura creación más o menos lírica.
Intentaremos desde aquí que ese sea su mérito, su fuerza. Y que las colecciones de estos artículos sirvan algún día como invalorables puntos de referencia, auténticas obras de consulta para iniciados,estudiosos y curiosos, para quienes, de algún modo, pretendan brujulear por el pasado y el presente de esta tierra que vivimos, gozamos y respiramos, de esta madre exuberante y risueña que nos vio nacer.
Sea este nuestro homenaje, el homenaje mínimo de unas páginas emocionadas y agradecidas a los sanluqueños de dentro y de fuera, a nuestros paisanos de hoy y a los de mañana, sí, a quienes pisarán nuestro suelo dentro de un siglo, o de dos, cualquiera sabe. Por ellos y para ellos, quede el testimonio de cuanto ahora somos en gracia a unos papeles escritos a golpe de ilusión y corazón. Qué menos. Y en semejante embarque seguiremos, si a bien viene, lisa y llanamente aquí, modesta y sanluqueñamente aquí.